RSS

Nahia

06 Jun

blue-eyesNahia apoyó la mano sobre la pared rocosa y se quedó con la vista perdida observando el mar. Sus ojos azul claro reseguían el horizonte mientras sus pensamientos vagaban con calma y el viento sacudía su despeinado y oscuro cabello. Con parsimonia se sacó una manzana del bolsillo, la frotó contra la manga de su torera marrón y la mordió distraídamente mientras seguía en aquella cueva varios metros por encima del agua salada.

Masticó tranquilamente sin prestarle atención al cuerpo sin vida que yacía detrás de ella con un cuchillo alojado en la frente. Su calma era absoluta y no parecía que nada en aquella situación pudiera alterarla o hacerle perder el control. Finalmente con un suspiro de hastío, acabó de comer la pieza de fruta y lanzó el corazón al mar. Solo en ese momento, cuando se dio la vuelta para dirigirse a la salida de la cueva, pareció reparar en el hombre tumbado sobre el suelo de la cueva. Lo miró sin demasiado interés. Se puso de cuclillas a su lado y con extremo cuidado sacó el cuchillo de su cabeza. Estaba bien muerto, de eso estaba segura, pero le molestaba tener que limpiar su arma y desperdiciar una de sus codiciadas cerillas. Pero no podía arriesgarse a tocar la substancia que se suponía que era la sangre de aquel ser. No podía arriesgarse a contagiarse.

Con precisión cogió un trozo de tela de su zurrón y envolvió el arma sosteniéndola siempre por la empuñadura. Ni loca iba a acercar su piel a la hoja impregnada de la sangre clarucha de aquel bicho. Porque para Nahia, aquel hombre, no era más que eso, un bicho. Un insecto demasiado crecido que debía de eliminarse antes de que se propagara más.

Hacía alrededor de 50 años, un virus nuevo había asolado el planeta. Muchos murieron, otros simplemente mutaron. Se adaptaron a esa infección y se convirtieron en una especie de animales paliduchos. El aspecto seguía siendo humano, a pesar de sus ojos, su pelo y su piel blanca y su única motivación parecía contagiar al mayor número posible de personas. Al principio se pensó que solo te convertías en uno de ellos si te alcanzaban con sus dientes. Pero pronto se dieron cuenta de que cualquier fluido de su blancuzco cuerpo era igual de infeccioso que la saliva.

Ella siempre había vivido en la isla en la que estaba ahora. Allí el virus apenas había llegado hasta la población. En cuanto en el continente se dieron cuenta de la gravedad de la situación e hicieron llegar la información a todas las ciudades, la isla había decidido cerrar todos sus puertos. Y solo así, el ataque de los bichos claros había quedado reducido a algún contagio ocasional. Mucha gente intentaba llegar hasta la costa con barcazas, kayaks o cualquier otro vehículo marítimo, ya que debido a esta decisión, las islas se habían convertido en los emplazamientos más seguros dónde refugiarse. Pero ahora prácticamente no había comercio, y no tenían manera de sustentar al aluvión de personas que vieron en las pequeñas islas su tabla salvavidas. Se había creado un cuerpo armado para vigilar las playas, con la orden de disparar a cualquier persona que intentara acercarse a tierra nadando o en barca. Una vez la gente de la península se dio cuenta de que era igual de peligroso quedarse en el continente como acercarse a las costas, la marea de personas bajó, aunque nunca desapareció del todo. Y siempre hay quien intenta llegar hasta las ciudades para refugiarse en ellas. Algunos son personas normales, otros, no saben todavía que llevan el virus dentro, ya que tarda varios días en manifestarse. Por eso, permanentemente desconfían los unos de los otros. Nunca se sabe cuándo se está a salvo, nunca se sabe si tu amigo puede estar infectado, nunca se sabe si esa persona nueva es alguien de la isla que no conocías, o alguien del continente, enfermo o no, que ha conseguido burlar las barreras. Solo hay una premisa, solo hay una ley: Si ves a un ser humano pálido, mátalo antes de que él intente morderte a ti.

Anuncios
 
1 comentario

Publicado por en 6 junio, 2015 en Relatos

 

Una respuesta a “Nahia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: