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Apariencias

05 Sep

Este escrito nació como un microrelato para un concurso… pero ya veis… se me fue de las manos. Espero que os enamore, porque hay azúcar a toneladas! ^^

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Imágenes-de-Amor-en-Blanco-y-Negro-12-278x300Salía del baño vestida únicamente con unas braguitas semitrasparentes de encaje negro y la camisa blanca sin abotonar del hombre que la observa desnudo desde la cama. Miró por un momento sus ojos grises y no pudo evitar sonreír y que un escalofrío le recorriera el cuerpo solo al sentir el deseo que flotaba entre ellos en esa habitación.

Se dirigió a la ventana y se sentó en el enorme alfeizar. Porque en esos lujosos hoteles de esas modernas ciudades las ventanas eran así. Con un poyete precioso puesto expresamente para poder observar la calle sin ser visto. Porque a nadie tenía que interesarle lo que ocurría entre esas cuatro paredes y porque no había nada más importante que lo que ocurría dentro de esas cuatro paredes.

Alec la observaba desde la cama y sus pupilas se perdían en su piel de melocotón y en las castañas ondulaciones de su melena que se desdibujaban hasta la altura del pecho. El sol del atardecer se colaba arrancando destellos dorados y mágicos a su pelo. Era preciosa, el ser más deslumbrante que había visto jamás.  Entrecerró los ojos para que su vista se adaptara mejor a la claridad entrante y notó cómo se le formaban las arrugas alrededor de los ojos. Ya no era un niño y se preguntaba durante cuánto tiempo más seguirían jugando.

Se levantó de la cama totalmente desnudo y se encontró con la almendrada mirada de Denise que lo repasaba con detenimiento. A sus 39 años todavía se sentía orgulloso de su cuerpo, una dieta equilibrada y ejercicio tres veces por semana no le conferían un cuerpo como el del David de Miguel Ángel, pero no se podía quejar. Se sentó junto a ella en el alfeizar y con suavidad le acarició la mejilla. Ella le devolvió el gesto apoyando su dedo índice en el hoyuelo que sabía que se le formaba en la barbilla. A veces solamente tenía ganas de gritarle cuanto la quería, aunque aquello pudiera romper la magia de su morboso juego.

-No me mires así –hizo presión para girarle la cara y se levantó como queriendo apartar a un lado el amor que sentía que le abrasaba la piel-.

-¿Por qué?

-Porque tú eres un abogado que viaja demasiado como para tener nada estable y yo la fría y adúltera mujer de un diplomático.

Alec parpadeó un par de segundos y después río como solo sabía hacerlo él, de esa manera tan clara y sincera, con la boca casi cerrada y cómo hacia dentro. De esa forma que la volvía totalmente loca. Así que solo pudo acompañarlo en ese sonido que sabía a felicidad momentánea. Se levantó poniéndose frente a ella y paseó su mano hasta la goma de su ropa interior.

-El viajar constantemente es lo que nos ha permitido conocernos y seguir viéndonos.

Denise cerró momentáneamente los ojos evocando aquella primera noche, cuando sus ojos se encontraron en el bar de aquel hotel. En cómo se sonrieron y en cómo supieron en ese preciso instante que esa noche era perfecta para ambos.

-Tal vez.

-¿Ya te has cansado de mí?

-No es eso.

-Entonces sigamos viajando. ¿Qué tal si la próxima vez nos vemos en Berlín? –la cogió de la mano como si pretendiera bailar un vals con ella y le guiñó un ojo. Se conocían desde hacía demasiado tiempo como para no entender cada uno de sus gestos-.

-Berlín es un buen lugar.

-Entonces está decidido.

Lo dijo suspirando contra su mandíbula, porque no podía hacer nada más al sentir como la prenda de encaje que llevaba a la altura de la cadera se le ajustaba con deliciosa sensualidad. Deseaba arrancársela en ese preciso instante y dejar de hablar. Ella lo empujó hasta dejarlo sentado en la cama haciéndose la ofendida y poniéndose a horcajadas sobre él. Le rodeó la cara con las manos y se sumergió en su boca sintiendo como de pronto todo su sistema nervioso se activaba y cómo el corazón le empezaba a latir desbocado en el pecho. Bucear en su sabor era una sensación intensa, fresca y maravillosa. Esa clase de sensación que no eres capaz de abandonar. Y como si una fuerza misteriosa y magnética la poseyera su manó voló para volver a acariciar aquel hoyuelo tan característico y que lo convertía exactamente en él. El hombre al que deseaba tener.

*   *   *   *

Al salir de la habitación de hotel se ató la gabardina y se ahuecó su ondulada melena para borrar cualquier rastro de sexo que pudiera haber. En el ascensor se retocó el pintalabios rosado y consultó su reloj. Eran las cinco y media y solo tenía media hora para llegar al colegio y recoger a Raquel. Debía volver a la realidad por muy maravilloso que hubiera sido su oasis de fantasía. Recogió su coche y se encaminó hacia la escuela de su hija, de la que pronto saldría al acabar las clases de danza. Exactamente igual que todos los días paró el coche en la misma esquina, y exactamente igual que todos los días, bajó del vehículo cargando su inmenso bolso y esperó a su hija de tres años a la salida del colegio. Raquel, con su desparpajo natural, su melena rubia y su pequeño hoyuelo en la barbilla apareció dando saltos por la puerta y se echó encantada a los brazos de su madre que la abrazó con esa clase de amor que solo pueden desprender las madres, enterrando su nariz en el fino y joven cabello con olor a champú para bebés.

La cogió en brazos entre risas, porque no había nada en el mundo que la hiciera más feliz que escuchar reír a su niña. La llevó en volandas al coche dónde la colocó en su sillita de seguridad y después se sentó a conducir. Casi de inmediato Raquel rescató de su bolsa de juguetes unos cuantos animales de plástico y se puso a jugar con ellos mientras su madre la observaba por el retrovisor con una sonrisa en la boca.

-¿Amos con papi?

-Claro mi amor.

-¡Bieeeeen!

548a5f3f23738_-_kissing-in-window-mdMovió sus piececitos y sus manitas porque en esa tesitura era lo único que podía mover. Y ella solo pudo sonreír aún más al ver la emoción de su hija. Raquel era estupenda, divertida y cariñosa. Eso y el no saber estarse quieta en su sitio, tenía claro que lo había heredado de su padre.

Aparcó el coche en su plaza igual que hacía todos los días, pero esta vez en vez de subir hasta su casa con la niña a cuestas, lo que hizo fue salir a la calle con la pequeña cogida de la mano. Caminaron unos cien metros, cruzaron el paso de cebra y se internaron dentro de la cafetería Berlín. Raquel chilló de alegría igual que hacía siempre, aunque no tenía claro si lo hacía por ver a su padre detrás de la barra o por los donuts de colores que había en el mostrador. Álvaro con su imborrable sonrisa y su eterno hoyuelo en la barbilla salió a recibirlas, cogió a Raquel en brazos y la lanzó al aire tal y como siempre hacía cada vez que iban a verlo al local.

-Lucía ¿Puedes encargarte tú un rato del bar? Han venido a verme mis princesas.

-Claro, no hay problema.

Lucía sonrió porque siempre le había encantado la familia que formaban María, Álvaro y Raquel. Ella que solo estaba ahí para sacarse un pequeño sueldo que le ayudase a pagarse la universidad no podía evitar observarlos y pensar que ella quería ser capaz de formar, algún día, una pareja tan sólida y compenetrada como esa.

Álvaro rescató un donut con glaseado rosa y lo llevó a una mesa en la que se sentaron los tres. María se sentó junto a su marido y apoyó la cabeza en su hombro mientras observaba como el azúcar rosado iba impregnando los pequeños labios de su hija, y no pudo evitar sonreír. Porque, en realidad, esa era la clase de vida que deseaba tener.

Después de 8 años juntos, la rutina era una losa pesada entre ellos, hacer siempre las mismas cosas, ir a los mismos lugares y relacionarse con la misma gente estaba minando la relación perfecta que creían tener y que todo el mundo a su alrededor creían que tenían. Y así surgieron Denise y Alec, solo como una fantasía, solo como una excepción. Inventaron dos personajes totalmente distintos a ellos y acordaron verse en el bar de un lujoso hotel al que nunca habían ido. Ninguno sabía qué historia habría creado el otro, todo era nuevo, emocionante, todo eran sorpresas, todo eran nervios, suspense, vida y chispa. Hacía 2 años que de vez en cuando jugaban a ser la hastiada mujer de un diplomático y el frío e inaccesible abogado de éxito. Ser Denise y acostarse con Alec era divertido por unas horas, pero sabía que se volvería absolutamente loca si en algún momento perdía a Álvaro, a Raquel, a los donuts de la cafetería Berlín y su trabajo de administrativa. Sabía que por muy glamurosa que fuera su alocado teatrillo, no tenía ni punto de comparación con la extraordinaria vida que habían construido juntos.

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Publicado por en 5 septiembre, 2015 en Relatos

 

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