RSS

V de Vegas

20 Sep

 

Entró en el Chips igual que hacía casi todas las noches. Se había quitado su uniforma de trabajo (un bonito y elegante vestido negro hasta las rodillas) y se había colocado sus cómodos y rotos jeans, una camiseta de tirantes blanca que sabía que realzaba su escote y la cazadora negra de piel. Nada más entrar se soltó el pelo dejando que su larga melena rubia le recorriera la espalda y oteó el local en busca de sus amigas. Como la mayoría de las noches, las encontró apoyadas en la barra, tomando ginebra y arreglando su mundo.

Le gustaba el Chips porque para ser un local de las Vegas no tenía nada que ver con la Ciudad del Pecado. Era un antro hecho exclusivamente para los trabajadores de los casinos y la poca gente que vivía por allí. Así que era sencillo, funcional, rústico, oscuro y absolutamente nada lujoso. También le gustaba porque como todos los jueves había música en directo y el dueño del local hacía una digna elección cada semana.

Se acercó con una sonrisa de oreja a oreja a sus compañeras del alma y de vida, a sus hermanas de sangre, a aquellas chicas con las que había compartido lágrimas, risas, escándalos, noches y días interminables. Era de madrugada y su jornada por fin había acabado y podía dedicarse a disfrutar de una buena cerveza, de la rockera música que sonaba y del ambiente relajado de lo que era verdaderamente su hogar. Porque aquel lugar le resultaba mucho más familiar que la fría habitación de hotel que el Bellagio ponía a su disposición.

Caminó por el bar solo ligeramente interesada en las miradas que se posaban en ella y la recorrían. Era una habitual y la mayoría de los presentes la conocían, pero sabía que sus largas piernas y su ondulada melena despertaban bastante interés entre el sexo opuesto. Con una cuadratura de hombros y una sonrisa de confianza que se la daban años de saberse atractiva, se dirigió hacia dónde estaban sus compañeras. En seguida vio como Riley le hacía señas con la mano para que se acercara.

-¡Hola V!  Hoy has salido tarde.

-Sí –guiñó un ojo a la camarera que no tardó en servirle una Budwaiser bien fría- Ha sido una buena noche.

-O una noche de plastas.

-Sí, pero se han dejado una pasta, así que ha valido la pena.

-Un brindis por los richachones que se dejan el dinero en los casinos.

Todas alzaron sus copas y brindaron en honor de aquellas personas que les proporcionaban trabajo cada día.

-¿Quién toca hoy? –preguntó V con interés- Suenan muy bien.

-No recuerdo como se llaman, pero sin duda saben “tocar” muy bien.

content-imagesV frunció el ceño sin saber muy bien a que se refería su amiga, y por primera vez desde que había entrado dirigió la vista al escenario. Era un grupo de tres, batería, bajo, y el solista a la guitarra. Tal vez fuera casualidad, pero en ese momento el cantante alzó la mirada y se encontró directamente con la suya. Cómo la mayoría de hombres que se cruzaban en su camino, repasó su anatomía con interés y a diferencia de ellos, tuvo la confianza suficiente de acabar el recorrido en sus ojos y mantener la mirada de nuevo con una seductora sonrisa, a la cual respondió con curiosidad. Vestía muy informal, con unos tejanos desgastados, una camiseta blanca y una camisa a cuadros remangada hasta los codos. Era moreno y el pelo le llegaba casi hasta los ojos, pero lo que más destaca de él, a parte de sus fuertes brazos, era que llevaba barba de 3 días y un bigote algo más largo. A V por lo general no le gustaban los hombres con bigote, pero tenía que reconocer que a ese Don Juan rockero le sentaba estupendamente.

Dejó de prestar atención al escenario y se concentró en la conversación con las chicas, aunque el músico estuviera de lo más bueno, no era motivo suficiente para olvidarse de ellas después de aquel duro día de trabajo. Volvieron a reír y a soñar con una vida mejor, con hipotecas y con hijos, aunque en el fondo V sabía que de momento, esa vida no era para ella. Era un espíritu libre, una amante de la carretera. En esa época estaba en Las Vegas, pero era incapaz de predecir dónde le llevaría su camino la próxima vez.

-V –la camarera se acercó a ella con una budwaiser en la mano y se la tendió- Cortesía del amigo –con la cabeza señaló hacia su izquierda, dónde apoyado en la barra estaba aposentado el cantante buenorro sonriéndole de medio lado-.

-Gracias –cogió la cerveza, la alzó levemente y se volvió de nuevo hacia sus amigas, preguntándose en qué momento había parado la música en directo y había comenzado la grabada-.

-¿Solo gracias?

Él se acercó más hasta quedar prácticamente a su lado y V puso los ojos en blanco mientras percibía como sus amigas reían por lo bajo y se apartaban ligeramente para darles intimidad.

-Si he de pagar algún precio por la cerveza, no la quiero –la dejó de nuevo sobre la barra y la empujó hacia él volviéndose de nuevo hacia las mujeres que la acompañaban-.

-Espera, creo que no me he expresado bien.

V se volvió de nuevo con cara de pocos amigos y le miró directamente a los ojos sin amilanarse. A ella los guaperas no la impresionaban.

-Te has expresado perfectamente –puso los brazos en jarras y lo examinó- Me has invitado a  una copa y eso significa que te lo quieres cobrar de alguna forma.

-Solo quería hablar contigo.

Se llevó un dedo a la barbilla y fingió pensar.

-Entonces… ¿A cuánto va el litro de cerveza?

-¿Cómo?

-¿Un botellín son un par de frases de cortesía? ¿Media hora hablando en la barra de cosas triviales? ¿O tal vez incluya algunas frases de coqueteo, alguna caricia fortuita y contarte algún secreto?

El cantante levantó los brazos con las palmas hacia ella y empezó a reír. V no había pretendido ser graciosa, solo dejarle claro que no quería hablar con él.

-De acuerdo, de acuerdo. Lo he hecho todo mal. Empecemos de nuevo ¿Vale? –se puso recto y se aclaró ligeramente la garganta- Me llamo Pascal y soy el solista del grupo que acaba de actuar. Te he visto desde el escenario y tu mirada ha hecho que casi se me olvidara la letra de la canción.

V sonrió satisfecha, no pensaba bajar la guardia, pero el tipo, al menos, sabía hacer cumplidos, lo cual lo convertía en un auténtico peligro que tenía pensado sortear con sus mejores artes.

-Y soy V.

Pascal alzó las cejas con sorpresa haciendo que se le destacaran las arrugas de la frente. Tendría poco más de 35 años, y a pesar de su aspecto juvenil y de sus cuidados, su piel era un reflejo de los bolos, los viajes y las noches sin dormir.

-¿Únicamente V?

-Sí.

-No eres demasiado habladora V.

-No. Yo soy más de miradas.

-No hace falta que lo jures –sonrió de nuevo de medio lado y atrapó la cerveza que ella antes había rechazado- ¿Y a que te dedicas cuando no estás por aquí?

-¿A qué te dedicas tú cuando no cantas?

-Soy mecánico.

-¡No me digas!

-¿Tu coche hace algún ruido raro?

-No ¿Por?

-Porque suele ser la frase que escucho siempre que digo que trabajo en un taller.

Esta vez fue ella quien rió. Así que además de guapo, cantar bien, arreglar coches y saber piropear, también tenía sentido del humor.

-No, tranquilo, mi pequeño está perfectamente. Es solo que he pensado que seguro que empezasteis a tocar en tu local.

-Pues no. En realidad empezamos en el garaje de Robert, el batería.

-Vaya.

-Además no existe “mi local”. Trabajo para el dueño del taller, no es mío.

-Mecánico de día, rockero de noche.

-Eso es Vanessa.

Sonrió con picardía. Ese era el primer nombre en el que todo el mundo pensaba cuando se hacía llamar V.

-No es Vanessa.

-¡Vaya! –hizo un gesto con la cara y las manos expresando su decepción al no haber acertado- ¿Puedo invitarte ahora a algo sin que implique que cortemos la conversación? ¿Victoria?

-Está bien –Pascal se giró hacia la camarera y le pidió otra Bud- Pero no es Victoria.

-Tenía que probar con los clásicos.

-Lo entiendo, pero tal vez deberías dejar de intentar adivinar.

-¿Te resulta molesto? –frunció el ceño ligeramente dándole una expresión preocupada que hizo que V temblara ligeramente por dentro-.

-No. Me resulta… poco interesante. Yo sé mi nombre.

-Y el mío.

-Exacto –levantó las cejas con sorna mientras daba un trago a su recién traída cerveza-.

-Y sabes a lo que me dedico.

-Sí.

-Y lo que hago para divertirme.

-Aha.

-Y yo no sé nada de ti –puso una fingida cara de contrariedad-.

-¿Podrás vivir con eso?

-Intentaré soportarlo.

-Supongo que te vale con mi pelo rubio y mis ojos azules ¿No? La conversación es lo de menos

Pascal puso los ojos en blancos y lanzó una exclamación de exasperación.

-La conversación está siendo muy entretenida, aunque no me cuentes muchas cosas. ¿Siempre eres así de arisca con todo el mundo?

-Yo no soy arisca. Soy un amor –alzó una ceja retándolo a que dijera lo contrario- Es solo que no me van nada los guaperas que cantan canciones bajo la luna.

-¿Guaperas? –rio de nuevo y se rascó la barba con un gesto demasiado sexy para la solitaria vida de V- ¿Eso ha sido un cumplido?

-No.

-Espero que no te importe que me lo tome como tal.

-Haz lo que quieras.

Se encogió de hombros y se giró para saber si sus amigas seguían ahí o habían decidido darse a la fuga. Vio que Marta que también buscaba su mirada. Con los labios vocalizó que el grupo se marchaba a descansar, al fin y al cabo, todavía era jueves y en la vida de los casinos, los fines de semana no existían.

-¿Y qué tienes tú en contra de los guaperas que cantan?

V se mordió el labio intentando decidir qué hacer, si marcharse con sus amigas, o quedarse un rato más hablando con el cantante.

-Suelen ser sus novias o amantes las que tienen algo en contra de mí.

Pascal volvió a reír risueño.

-Por suerte, no tengo ni una cosa ni la otra, así que puedes estar tranquila conmigo.

-Eso es lo que tú te crees. La experiencia me dice que puede ser que tengas alguna novia o amante de las que no tengas conocimiento.

-¿Cómo?

-Hay mujeres de lo más territoriales.

-¡No me digas!

-Sí señor –volvió a mirar hacia atrás y se removió inquieta- Y escucha, ahora debería irme.

-¿Tan pronto?

-Me parece que sí.

-¿Y si te invito a otra cerveza?

tumblr_n26qaf9VoB1sphwo6o3_r1_500-¿Otra vez intentando comprarme? –levantó la ceja y sonrió de medio lado-.

-No, no. Dios me libre –volvió a reír echando la cabeza hacia atrás- Está bien, ¿Qué te parece esto? Estaría más que encantado de seguir charlando contigo un poco más. Estoy deseando descubrir que hay detrás de V.

-Oye, de verdad, ha sido divertido –se incorporó sobre la barra y rebuscó en su bolsillo un par de dólares para dejarle de propina a la camarera, los puso sobre la barra y miró de nuevo a sus amigas- Pero de verdad, que debería irme.

Pascal le dirigió una intensa mirada con sus ojos oscuros y por un momento pareció que le quería decir algo. Fue como si el tiempo se quedara en suspensión, porque en esos instantes V tampoco supo que decir.

-Escucha, sé que debes de estar harta de que un montón de tíos te vayan detrás a todas horas –V puso los ojos en blanco y suspiró- Y probablemente, algunos sean realmente… asquerosos, me puedo hacer a la idea.

-¿Ah sí?

Pascal asintió con seriedad.

-Pero esta noche estoy solo en la ciudad, he disfrutado mucho cantando, y me gustaría poder seguir disfrutando de tu compañía. Entiendo que mañana tengas cosas que hacer y debas irte, o incluso que no te parezca diferente al resto de capullos que te persiguen habitualmente, así que comprenderé perfectamente que te marches. Solo quiero que tengas claro que me apetece muchísimo seguir hablando contigo.

V le devolvió la mirada y se percató de que esa sonrisa de conquistador se había evaporado y que toda su posición expresaba seriedad. Y aunque no quería fiarse de las apariencias también parecía transmitir sinceridad. Marta apareció detrás de ella en ese momento y le tocó el hombro.

-Nosotras nos retiramos ya cielo ¿Qué vas a hacer tú?

V volvió a mirarlo y él sacudió la cabeza como invitándola a que tomara la decisión que más le apeteciera. Se mordió el labio, porque todo su ser la impulsaba a alejarse de aquella clase de tipos. Cantantes, bohemios, artistas liberales, con una mujer en cada puerto, pero a la vez Pascal había sido más sincero en su breve discurso que su ex en cuatro años.

-Creo que me voy a quedar un rato más.

-Perfecto cielo –Marta sonrió complacida- Si necesitas cualquier cosa tendré el teléfono encendido –le guiñó un ojo y le dedicó una mirada de advertencia al rockero-.

-La cuidaré todo lo que me permita, aunque diría que V es el tipo de mujer que se sabe cuidar sola. Apuesto a que lleva un espray de pimienta en el bolso.

Las dos mujeres se miraron con complicidad y rieron por lo bajo, porque la verdad es que no estaba demasiado equivocado.

-Más te vale –le dio un apretón en el brazo a su amiga y desapareció en dirección a la puerta-.

-Me alegro de que hayas decidido quedarte.

-Espero no arrepentirme hombre de nombre francés.

-Haré todo lo que esté en mi mano.

Y su dedo índice voló como una ráfaga de aire fresco hasta posarse sobre la suave piel de su brazo, recorriéndolo hasta llegar a la muñeca, dónde resiguió con delicadeza el tatuaje con forma de corazón que tenía en esa parte de su cuerpo.

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en 20 septiembre, 2015 en Relatos

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: