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CrossOver V – Sci Fi – Alguien me va a matar

04 Ene

Cuando Susana Bielsa me comunicó el resultado de los sorteos de mi Crossover (más o menos lo que quiera pero que esté ambientado en otoño y ocurra frente al mar) no pude evitar pensar en una escena romántica (al fin y al cabo, es mi género). Por esa misma razón, porqué pensé que yo y todo el mundo pensaría en algo romántico… decidí que haría algo SciFi (Ciencia Ficción pero dicho modernamente, así pa’ fardar)

 

 

Quería seguir un poco la línea del relato Nahia que hay en este mismo blog, pero algo cruzó mi mente ¿qué fue? Pues un sueño. Un sueño de esos que te despiertas y dices… ¿Pero qué cojones?

 

 

Así que mientras barría por mi casa y destendía la ropa, lo que había sido un sueño empezó a tomar forma de relato, y pensé en usar la idea para el micro, el cual me daba 500 palabras de desarrollo. ¿Qué pasó después?…

Pues que aunque el micro quedó para mi perfecto (para vosotros no, claro), yo tenía mucho más que contar de la protagonista, del entorno. Necesitaba más y más. Perfilar, detallar, haceros partícipes de la ida de olla mental que tenía en ese momento… y por eso… seguí escribiendo.

 

Os dejo aquí el microrelato original, pero no sufráis. Hay segunda, tercera e incluso cuarta parte. Tendrá tantas partes como yo desee, porque al final lo que importa es escribir… y esta pequeña historia puede dar mucho más de sí, o no… ya lo decidiré.

A los amantes de la Sci Fi, mil perdones, tened en cuenta que es la primera vez que me aventuro a esto. Solo es un relato, no seáis muy duros con él, prometo que sí va a más me documentaré como Dios manda.

Sin más os dejo el el relato que debía tener las siguientes características:

“Hasta 500 palabras, del género que quisiera, contado en 1ª persona, debía ser otoño y ocurrir frente al mar”

 

Siento como mis ojos parpadean casi como si no fuera yo quien los controlara. Al principio la luz me deslumbra y quiero llevarme una mano a la cara para cubrirlos pero mi cuerpo no me obedece. Soy consciente de estar tumbada con una sábana que me cubre hasta el pecho, y los dos brazos estirados a cada lado del cuerpo. Mentalmente me digo a mi misma que debo estar en un hospital. Huele a antiséptico, hay sonido de máquinas de control de constantes y todo parece tener un color blanquecido. Una cara aparece frente a mí. Es de una mujer joven de pelo castaño y semblante serio.

-Sarah… -Sé que he sido yo quien ha pronunciado esas palabras de forma instintiva, pero a la vez no reconozco mi voz-.

-No soy Sarah –dice la muchacha, aunque eso yo ya lo sé-.

Solo quería preguntar dónde estaba mi pequeña de 3 añitos. La joven endurece el gesto y se marcha de mi campo de visión. En ese momento solo soy capaz de sumergirme en las sombras y recordar.

Tenía 32 años cuando descubrimos que algunas personas llevábamos implantado un dispositivo desconocido en nuestro cerebro. Lo averiguamos porque la mayoría éramos científicos que en algún momento de nuestra vida habíamos vivido experiencias relacionadas con abducciones. Jamás lo habíamos comentado para evitar que nos tomaran por locos, pero después de muchas investigaciones y muchas más reuniones, desciframos aquello que nos unía. 4 años después desciframos el funcionamiento aproximado del dispositivo y decidimos ponerlo en marcha al determinar que era algún tipo de sistema avanzadísimo de comunicación. Lo último que recuerdo es el beso de Sara en la mejilla, el olor a salitre del aire al dirigirme al centro de investigación de los Ángeles, sentarme en una cama igual en la que estoy ahora y luego solo oscuridad con un potente centello azul.

Vuelvo a abrir los ojos, esta vez me noto mucho más despejada, tanto que incluso consigo incorporarme.

-No, no, no –dice una chica de unos 25 años con una espesa melena pelirroja. Lleva bata blanca con algo parecido a un bolígrafo en el bolsillo delantero-. Es mejor que siga tumbada Dra. Kelley.

-¿Dónde estoy?

-En el ala hospitalaria del Centro de Investigación de Nueva Ángeles.

-¿Nueva Ángeles? –frunzo el ceño- ¿Quién eres?

-Soy su médico. La Dra. Morrison –suspira con un deje de derrota, como si supiera que este momento iba a llegar pero no estuviera preparada para ello- Dra. Kelley, lo que le voy a decir no es sencillo de asimilar, pero apelo a su mente científica al pedirle que intente mantener la calma.

Eso no me tranquiliza en absoluto

-¿Salió algo mal en el experimento?

-Algo así –parece dudar un momento y desvía la mirada- Dra. Kelley, estamos a 15 de diciembre del año 2089. Lleva… unos 63 años en… dormida.

 

Y ahora el reto de vuelta. La semana que viene Susana deberá escribir:

 

“Un relato de 500 palabras, escrito en 1ª persona de terror en el que tenga que hacer muuuuuuuuuuucha calor y tiene que aparecer alguien vestido de escocés”

 


Las pruebas del delito:

circunstancias

genero palabras voz

 

Hasta la próxima amiguitos!!!

 

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Publicado por en 4 enero, 2016 en Relatos

 

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