RSS

Archivo de la categoría: Ida de Olla

El poder de las sonrisas

Pocos lo sabréis, pero desde hace unas semanas me hallaba inmersa en un proceso de selección bastante importante para mí. No ha sido fácil, pero después de 4 entrevistas y 3 pruebas, he conseguido el puesto.

Este no es un post para que me felicitéis y alabéis mis aptitudes (que sí queréis, yo no tengo ningún problema), sino que, quiero reflexionar sobre un pequeño suceso que me ocurrió justo en la mitad de esta ronda de tests.

Una de ellas era una prueba de inglés oral. Alguien iba a llamarme y a mantener conmigo una charla en inglés, sobre no sabía qué temas para evaluar mi nivel en este idioma, ya que para la empresa es importante que sus trabajadores sepan hablarlo mínimamente. Yo estaba atacada. De los nervios, histérica y catatónica. No me gusta mucho hablar, menos por teléfono, aún menos con desconocidos y muchísimo menos en inglés.

Pasé tres días muy malos notando como el estómago se me revolvía y hacía tres vueltas de campana cada vez que pensaba en esa llamada. Así que… hice lo único que se me ocurrió: llamar a una amiga que trabaja en una farmacéutica y pedirle consejos sobre drohas (leáse como algún químico suave para combatir estados ansiosos). Mi amiga me dijo que sin receta médica, nanai. Y yo con mi dolor de barriga intenso. ¿Qué podía hacer? Lo único que una chica en su sano juicio haría: ir a la farmacia a llorar.

La farmacéutica (está sí de profesión) me escuchó pacientemente y me animó, me dijo que no me pusiera nerviosa, que lo haría muy bien (no, la señora no me conocía de nada, a parte de un par de veces que le he comprado paracetamol, y dudo que haya dejado huella en ella) y que si quería lo que podía venderme era valeriana. Yo sé que cierto nivel de estrés es bueno, activa los sentidos, hace que el cerebro funcione más rápido, te mantiene alerta… pero es que mis niveles de estrés rayaban él: Mi ansiedad es una bully que va a arrinconar a Valeriana y le va a dar una paliza. Por eso, no muy convencida, me fui con mi cajita de hierbas bajo el brazo.

No amigos, no me hicieron ni cosquillas. Primera reflexión del post:

La valeriana sirve para irte a dormir, no para quitarte los nervios. Me notaba la cabeza algo adormilado (ERROR si necesitas estar concentrada para un examen) y mi estómago seguía revuelto. Un asco.

Y sí, estos eran los antecedentes. Ahora al lío de verdad. ¡ME HAN COGIDO EN LA EMPRESA! Incluso después de escuchar mi inglés. Todavía estoy anonadada, ya me perdonaréis. La cuestión es, que hoy, como cada mañana, he pasado por delante de la farmacia dónde compré las valerianas. Antes de saber si me iban a dar o no el puesto, había fantaseado con la idea de pasarme por allí (si finalmente lo conseguía) y hacer partícipe a esa mujer que dedicó un tiempo de su vida a animarme y desearme buena suerte, simplemente por agradecerle ese pequeño gesto. He estado a punto de pasar de largo, pero al final, me he decidido a entrar.

Le he refrescado la memoria, me ha reconocido y me ha dicho:

“Muchas gracias, me has alegrado el día”

Y tal como le he dicho a ella, os lo digo a vosotros:

Desde hace un tiempo, he tomado la decisión de alegrar la vida a las personas. No significa que vaya por la calle regalando abrazos o flores a los desconocidos, pero creo que, si está en mi mano hacer mínimamente feliz a alguien ¿Por qué no voy a hacerlo? Si puedo agradecerle a alguien un gesto, una sonrisa, unas palabras de ánimo, un trabajo bien hecho ¿Por qué me lo voy a callar? ¿Recordáis la última vez que alguien os dio las gracias por algo? Y me refiero a las gracias de verdad, no de esas que se dicen cuando te pasan la sal. ¿Cuándo fue la última vez que alguien os ha alegrado el día reconociendo vuestro esfuerzo o vuestra dedicación a algo? ¿Recordáis cómo os habéis sentido? ¿No os gustaría sentiros así más veces?

Creo en pocas cosas. Soy una agnóstica, infiel y descreída. Pero sí creo en el poder de una sonrisa (sí chicos, pincharos la insulina porque esto viene acompañado de una subida importante del azúcar del blog). Creo que es contagiosa, creo que tiene el poder de hacer sonreír a otra persona. Creo que si haces algo bueno por alguien, ese alguien estará más predispuesto a hacer algo bueno por otra persona.

Sé que no voy a cambiar el mundo (no soy tan ilusa) pero no me resigno a no poner mi granito de arena porque no va a servir de nada. Hoy he alegrado el día a esa farmacéutica a la que apenas conozco. Tal vez sonría más a la siguiente persona que atienda o tal vez decida que va a seguir siendo amable incluso cuando atienda a gente pesada. Quizás encuentre a alguien que necesite esa amabilidad y la reconforte, y esa otra persona esté mejor… y así… hasta el infinito. Tal vez simplemente comparta esta noche con su marido el anécdota, y su marido sabrá que hay personas que dan las gracias y que tal vez el mundo no esté tan mal. No me las doy de heroína, no me confundáis por favor.

Así que aquí está la segunda reflexión del post:

Sonreíd, decid gracias, que no os de vergüenza, dedicadle unas palabras amables al frutero, a la chica de Zara que os busca una pieza de ropa, a la Teleoperadora que os abre una incidencia. Sed amables (¡pero no estúpidos ojo!), valorad el trabajo bien hecho y tened claras las responsabilidades y labores de cada persona.

Sonreíd, para poner sonrisas en otros rostros.

sonrisa

Anuncios
 
1 comentario

Publicado por en 13 mayo, 2016 en Ida de Olla

 

Etiquetas: , , , ,

Queda Prohibido

Vale, esta es una entrada trampa, lo reconozco. Diréis, pues para copiar y pegar cosas que no son tuyas, no hace falta que me molestes con las notificaciones de que hay nuevo post… pero… es que este texto de Pablo Neruda me ha llegado al alma.

No soy demasiado fan de Neura (que me perdonen los filólogos y literatas) pero es que a mi un tío que escribe “Me gusta cuando callas porque estás como ausente” y encima me dice que es un poema de amor… yo le levanto el dedo corazón así sin pensármelo.

 

Pero igual que no se puede juzgar a un libro por su portada, supongo que tampoco puedo juzgar a un autor por unos cuantos poemas… Y reconozcámoslo… todo lo que se titule “Queda prohibido” pues siempre suele quedar resultón.

 

Así que…

Queda prohibido asustarse de la vida, no luchar, no reír y no poner una sonrisa a tus días.

Queda prohibido ver pasar la vida y dejarse arrastrar como si solo fuéramos una brizna en la corriente.

Queda prohibido acomodarse, no soñar, no volar, no amar, no vivir.

 

¿Qué prohibiríais vosotros?

 

Y ahora os dejo con el original de Neruda:

“Queda prohibido llorar sin aprender,

levantarte un día sin saber que hacer,

tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,

no luchar por lo que quieres,

abandonarlo todo por miedo,

no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,

hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.

Queda prohibido dejar a tus amigos,

no intentar comprender lo que vivieron juntos,

llamarles sólo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,

fingir ante las personas que no te importan,

hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,

olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,

tener miedo a la vida y a sus compromisos,

no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin

alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,

todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,

olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,

pensar que sus vidas valen mas que la tuya,

no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,

no tener un momento para la gente que te necesita,

no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,

no vivir tu vida con una actitud positiva,

no pensar en que podemos ser mejores,

no sentir que sin ti este mundo no sería igual”

 
Deja un comentario

Publicado por en 13 noviembre, 2015 en Ida de Olla

 

A tod@s l@s Bloggers

escribir_ordenador_bigA raíz de la publicación de mi primer libro hace un año me he puesto en contacto con muchas bloggers, algunas me han ignorado deliberadamente (pocas, la mayoría son muy majas ^^), otras me han contestado que andaban muy justas de tiempo, otras me han reseñado y un pequeño puñado han pasado a formar parte de mi vida. Me leyeron, me reseñaron, nos hemos añadido a Facebook, incluso con alguna nos hemos conocido en persona.

Este pequeño post es solo un homenaje a todas aquellas personas (a todas en general y a algunas en particular) que tienen un blog, y lo alimentan a diario. Que no se cansan, ni desfallecen. Que encuentran cada pocos días algo que contar, algo interesante que decir, una locura que compartir.

Solo quiero dedicarles mi absoluta admiración por ser capaces, día tras día, de entretenernos sin caer en la monotonía ni en la pereza. Llevo años queriendo tener un blog en el que escribir asiduamente, y por falta de uno tengo dos, más otros muchos que se han quedado por el camino. Ninguno de los dos soy capaz de mantenerlo. Mi día a día, mi trabajo, mis libros, mis lecturas, mi ocio, mis amigos, mi pareja, mi sofá (sobre todo él, sí)… acaban reclamando tanto de mí, que apenas me queda tiempo de ir escribiendo un artículo a la semana. De verdad que cuando me pongo lo cojo con ganas, con ideas, con ímpetu… pero pasan los días y al final prefiero jugar una partida al puto videojuego absorbente con el que estoy que pararme a pensar en algo que decir. Y por eso, todos mis respetos hacia aquellas que llevan la misma vida que yo, y además mantienen un blog con una asiduidad pasmosa. Yo, chicas, no puedo. De hecho, ya hasta creo relatos divididos en dos partes para obligarme a terminar y soy incapaz. Cuando parte de mi ocio se convierte en obligación (aunque sea leve) me supera y dejo de hacerlo.

Hace un mes que no publicaba una entrada. Hace un mes que prometí un final que no puedo dar. Hace un mes que busco un hueco para escribir. Hoy he leído dos entradas nuevas de mis compinches, una reseña y una ida de olla (como las llamo yo) y me han dado ganas de escribir algo (aunque fuera corto) y lo único que se me venía a la cabeza era lo fantástico que me parece su trabajo. Así que he decidido, que aunque la entrada sea corta, algo he de hacer. Aunque no sea un relato, aunque no sea una historia. Aunque solo sea una de mis idas de olla, pero he de esforzarme y no dejarme llevar por la pereza, y aunque sea, escribir cuatro líneas expresando lo que piense en momentos determinados.

Y sin más peloteos ya, me despido, hasta la próxima entrada. Veremos cuándo, veremos dónde, veremos qué.

 
Deja un comentario

Publicado por en 21 octubre, 2015 en Ida de Olla

 

Librarse de la Culpa

autoestima_0Últimamente me siento culpable…

Culpable sí. Últimamente no escribo nada, ni largo ni corto. Últimamente me da la sensación de que prefiero vaguear observando los juegos de mi gato que escribir, tal vez, porque últimamente no sale nada productivo.

Últimamente me siento insatisfecha con mi trabajo. Me siento agobiada, aburrida y poco valorada. Quiero cambiar… pero mi puerta al cambio (los libros) los tengo abandonados. Y si no me siento satisfecha con mi actual empleo y no hago (casi) nada para cambiarlo… ¿Qué hago? Pues sentirme culpable. Culpable por no tener más arrojo, por no ser más activa, por no ser más valiente, por no atreverme a dar un giro radical.

A todo esto se le añade que con el verano mi no esbelta figura, ha perdido algunos kilos de esbeltez. Y… me siento más culpable. Por no tener la voluntad de hacer una dieta, por no hacer más ejercicio, por no apuntarme al gimnasio, por no comer mejor, por tener los muslos y los brazos gruesos… De hecho, al ir por la calle examinaba a las chicas jóvenes con las que me cruzaba y me corroía la culpa al comprobar que la mayoría estaban más delgadas que yo.

Y entonces… llega un día que leo a Benedetti:

“¡Si uno conociera lo que tiene con tanta claridad como conoce lo que le falta!”

Mi cerebro implosiona y me doy cuenta de lo injusta que soy conmigo y de lo injustas que son las personas (consigo mismas y…) con los demás.

Es posible que mi vientre no esté firme y que haya heredado los brazos gruesos de mi madre, pero resulta que tengo buen pecho y un culo muy bien puesto (y una pareja que los adora).

Estoy tan preocupada por mi trabajo actual que me ofusco y empiezo a pensar en cometer locuras. En dar voces a diestro y siniestro para cambiar de trabajo, para mejorar, para progresar. Sin darme cuenta de que tengo un gran viaje a la vuelta de la esquina y que “ahora mismo” cambiar de trabajo sería un problema más que una oportunidad.

Tal vez estas semanas no esté escribiendo nada pero… ¿He de llegar al punto de flagelarme mentalmente por ello? ¿No tengo derecho a estar cansada, a no sentirme inspirada, a vaguear si me apetece? Si lo que me apetece es mirar a mi gato… ¿Debo sentirme culpable? ¿La vida no debería ser precisamente eso: disfrutar de esos pequeños placeres (como mirar las peripecias de un cachorro) sin sentirse mal por ello? ¿Tanto nos han inculcado el trabajo duro que cuando tu cuerpo te pide descansar nos sentimos indignos de ello?

Porque: que estas semanas me apetezca vaguear no me convierten en una persona vaga. Que estas semanas no me apetezca escribir, no me invalida como escritora. Que ahora mismo no encuentre el trabajo que quiero no significa que no lo vaya a hacer en un futuro. Que mi madre me susurre como si fuera un delito que me estoy engordando y que debería ponerle remedio cuanto antes, no me convierte en una persona menos atractiva.

Y ahora disculpad, pero voy a hacer hincapié en esto. De verdad que no quería que fuera un post sobre las dietas, y el sobrepeso y todos estos temas tan manidos en verano, pero es que hay cosas que las analizo y me enferman. Me miro en el espejo y veo que estoy un poco más gordita, sí. Pero tampoco es un escándalo. Camino más de una hora al día, y aunque podría mejorar mi alimentación en muchos aspectos, tampoco hago una vida de excesos. ¿La vida no debería ser mucho más que una sucesión de restricciones para que el resto nos vea guapos? (Oye, y no me malinterpretéis, la salud es lo primero y si se tiene una enfermedad, se tiene, y ese es otro problema. Hay que cuidarse, está claro).

Resulta que por mi economía mileurística, comer es uno de los pocos placeres que me puedo permitir con cierta asiduidad. Y ya no me refiero a zamparme bollos como si no hubiera mañana, sino a salir a un restaurante, a comprar jamón del bueno, a comer un melón Bollo, etc. Disfruto comiendo, yendo a restaurantes y no haciendo dieta. Y quiero seguir disfrutando, y dándome caprichos y siendo feliz. Tal vez haya engordado algo estas semanas, pero me lo he pasado pipa saliendo de tapas con mis amigos, comiéndome un helado despanzurrada en el sofá en plena ola de calor y bebiendo horchata después de llegar de trabajar. No es un crimen. No es un crimen estar rellenito. No necesito que nadie me recuerde que he engordado. Lo veo, creedme. Y probablemente adelgazaré en invierno, cuando mi friolero cuerpo necesite quemar grasa como loco para mantenerme en calor.

Y este es un mensaje para todas las madres, padres y futuros progenitores, si en algún momento os trepa por la garganta algún comentario el cual sospechéis mínima y infinitésimamente que tal vez, a lo mejor o quizás puede herir, afectar, disminuir o socavar el autoestima de vuestro hijo/a… CALLAOS LA PUTA BOCA, por favor. Porque no le hacéis ningún bien. Como leía hace poco: A veces da la sensación de que puedes ser brillante, inteligente, simpática, amable, creativa, extrovertida, divertida… y que todo se va a la mierda porque tu talla no es una 38.

Y todo este rollo venía a que… Sinceramente, creo que deberíamos aprender a ser más amables y bondadosos con nosotros mismos. Deberíamos ser capaces de no juzgarnos con tanta rigidez, de ser más benévolos con nuestros defectos, con nuestros sentimientos y necesidades. A no juzgarnos, a no vernos a través de las personas que no nos valoran y dejarnos mimar por las que nos expresan lo atractivas y extraordinarias que nos vemos siempre. Deberíamos creer más a las personas que nos quieren y aprender de ellas. Deberíamos tratarnos como tratamos a nuestros amigos. Tal vez, simplemente deberíamos aprender a ser más amigos de nosotros mismos.

 
Deja un comentario

Publicado por en 23 julio, 2015 en Ida de Olla